El nombre Kamera Obscura
Era una espléndida tarde soleada. Estaba sentada cómodamente, bebiendo a sorbos Lapsang Souchong en una taza de fina porcelana y hojeando el Evening Standard, leyendo mi página favorita, escrita por el difunto crítico de arte Brian Sewell.
Era un artículo sobre la Escuela Holandesa de pintura, que trataba la teoría de que el maestro holandés del siglo XVII Johannes Vermeer utilizaba una camera obscura. Mientras leía, mis ojos volvían una y otra vez a esas dos palabras: camera obscura. Recuerdo haber pensado que ese sería el nombre de mi firma.
Después llegó otra coincidencia.
Un pequeño libro titulado Kamera Obscura, de Vladimir Nabokov, me lo había regalado mi amigo ruso (Макс) Max, el hermano de mi buena amiga Anneliese. Max también sugirió escribir el nombre con K, como en ruso.
Ya no me quedaba ninguna duda. Sentía como si algo me empujara hacia ese nombre.
Esa misma noche, todos brindamos para celebrar el nuevo nombre de mi firma, y un desafortunado apagón nos sumió en risas en la oscuridad.
– Martine Abate